Una conversación con El Gran Espíritu, por Alejandro Corchs.

Este articulo es una cita del libro de Alejandro Corchs, “El regreso de los hijos de la tierra – parte 2: La Union de la Familia.”. Alejandro es un joven Uruguayo hijo de desaparecidos en epoca de dictadura en los años 70s y, como va describiendo en sus libros, comienza a recorrer un camino de sanación y busqueda espiritual llamado El Camino Rojo. Es en una de estas ceremonias en donde ocurre esta escena en la cual Alejandro tiene una conversación directa con el Gran Espiritu como lo llama él. La conversación me gusto mucho y me hizo recordar varios pasajes de los libros Caballo de Troya, de J. J. Benitez, cuando Jesus intentaba explicaba explicarle al Mayor los misterios de “Abba” (el Padre) y su infinito amor incondicional.

“…El sol comenzó a levantarse y las nubes le abrìan camino para que ocupara el lugar principal del cielo. Lo veía subir detrás del monte. Los rayos pintaban de rojos, naranjas y dorados la cúpula celeste del nuevo dia. La ceremonia seguía con normalidad. Yo estaba maravillado observando el espectáculo del cielo. Las nubes tomaban distintas formas, haciendo figuras de animales y otros seres. Las veía con total nitidez.
Alejandro encendió el tabaco del poder y yo sentí una voz que me habló.
-¿ Tu querías saber la verdad detrás de todo?
-¿ Quién me está hablando?- pensé.
-Yo, el fuego- me respondió la voz en mi interior.
Las llamas estaban en el centro del círculo y un pensamiento llegó hasta mi.
-¿Cómo vuelvo al dia a día? ¿Cómo hago para regresar a mi vida? No puedo saber más, me voy a volver loco. ¿Cómo voy a hacer para cortar leña si sé que un árbol es un ser vivo? Qué estoy diciendo, yo nunca corte leña en mi vida, ¿por qué siento tanto miedo? ¿Cómo voy a estar en la puerta de la sabiduría y me asusta lo que hay detrás?
Levante la mirada hacía el fuego nuevamente y pense.
-Si, abuelito, si llegamos hasta aquí, es para ir hasta donde haya que ir.
-Muy bien, hay alguien que quiere hablarte. Mirá hacia el cielo.
Mis ojos fueron directos al sol. Comenzó a hablarme en primera persona.
-Hola, hijo mio, estoy feliz de que hayas llegado a este momento.
Comencé a llorar sin poder controlar la emoción de lo que estaba sintiendo en todo mi cuerpo, recibía el Amor más protector e incondicional que había sentido en mi vida.
-Soy el Gran Espíritu y estoy felíz de que me hayas reconocido en todos los seres, en todos tus hermanos.
-¿Sos el sol?- pensé.
-Soy todos los seres y más. El sol es mi corazón de Padre.
-Qué corazón tan lindo tenes.
-Tú tenés el mismo corazón. Todos tienen el mismo corazón, todos son mis hijos y los cuido, los protejo y los abrazo con mis rayos todos los días, todo el tiempo. Les doy todo mi Amor de Padre para protegerlos y que siempre estén cobijados por mis brazos.
-¿Todos los días?
-Todos.
De la emoción que sentia, apenas podia formular mis pensamientos de respuesta.
-Gracias.
-Lo hago porque los amo con todo el corazón. No hay nada que tengas que agradecer, son mis hijos y yo los amo.
-Gracias.
-No hay nada que tengas que reconocer para recibir mi Amor. Tù eres mi hijo y yo velo por ti en cada momento, me reconozcas o no. Como lo hice siempre.
Lloraba sin poder controlar mi emoción de agradecimiento. Sentía el calor de sus rayos sobre mi piel como tantas veces lo había sentido, pero ahora entendía el Amor que había en ese calor. Un sentimiento de tristeza me recordó la sensación constante de que la Humanidad estaba mal. Me recordó la cantidad de preguntas que no tenían una respuesta para mí. Me recordó todo lo que no podía explicar. El sol retomó la palabra.
-Si observas a la Humanidad, verás cómo los hombres compiten conmigo. Se han salido de su lugar de hijos y están constantemente compitiendo conmigo. Observa cómo imitan mi propia creación en todas sus realizaciones.
Las nubes comenzaron a formar figuras. Vi a una nube que era un gran felino que de pronto se transformó en un coche de una afamada marca alemana. Después otra nube era una piedra y se transformó en el monitor de una computadora. El sol continuó.
-Ustedes, mis hjios, tienen el mismo don que yo: la creación. Pero ustedes no pueden confiar, perdieron la confianza encerrados en su propia soledad. Yo estoy aquí todo el tiempo, cuidándolos, pero ustedes no pueden abrir los ojos de su corazón y recibirme. Los humanos se encerraron en su dolor y constantemente compiten conmigo en todo lo que crean. Quieren llegar a demostrar que realmente fueron abandonados y eso no es verdad. Por eso crean todo lo que crean, porque compiten conmigo con el afán de demostrar que están solos, y que lograron ordenar algo que estaba fuera de lugar. Pero la creación universal esta toda en su lugar, todos los seres danzan ocupando su sitio único e irrepetible. La creacion de los humanos es una creación muerta, que no se sostiene por si misma Y con tal de no reconocer la impotencia de no saber cómo confiar, inventaron los sistemas de impuestos, obligando a los demás hombres a darles algo para sostener su creación muerta, porque su creación no tiene vida propia Ésa es la gran diferencia entre lo que ustedes crean y lo que yo creo: la confianza. Ustedes tienen el mismo don que yo, pero no suben cómo utilizarlo porque no confian. La gran diferencia entre lo que ustedes crean y lo que creo yo, es que para crear a un ser que tenga vida propia, hay que poner dentro de él un pedazo de vida de uno mismo y confiar. Ése es el secreto para generar vida que se sostenga por si misma. Entregarle un pedacito de Amor y tener la total confianza de que, pase lo que pase, siempre se manifestará lo que pusieron dentro de él. Sabiendo lo que pusieron y dejandolo experimentar la total libertad del encuentro.
– Eso se supone que lo hacemos cuando tenemos hjios.
– Algunos lo hacen. Otros desconfian tanto de sí mismos, que intentan dominar y someter a sus propios hijos, en lugar de confiar en lo que pusieron en esa esencia. Pero no solo se los muestro con sus hjios, se los muestro en cada una de las criaturas del universo, pero ustedes no pueden confiar, ni siquiera en ustedes mismos. ¿Cómo van a poder confiar en lo que crean?
-Y qué tenemos que hacer?
-Confiar y pedir ayuda cuando no puedan con algo. Volver a su lugar de hijos. Yo estoy aquí. Siempre estuve y estaré protegiéndolos.
– ¿Y por qué nos sentimos tan solos?
– Porque en la confianza y el respeto de nunca jamás someterlos, no puedo ayudarlos si ustedes no me piden ayuda. Nunca me metería por la fuerza, aunque me esté doliendo mucho lo que mis propios hijos se hacen a sí mismos. Eso es confianza, estar todos los días velando por mis hjios, con el amor incondicional y la espera infinita de que se den cuenta que estoy aquí para ayudarlos. Que me permitan protegerlos y que recuperen su lugar de hijos. Yo les di la libertad en la profunda confianza, de la esencia que yo mismo puse en su interior, en la confianza de la manifestación de cada uno.
– ¿Pero es asi de fácil?  ¿Confiar y pedir ayuda?
– Así es, hjio mío, ese es el camino de vuelta a casa. A la felicidad, al abrazo infinito. La manera de volver a ocupar su lugar en la danza de la vida, junto a sus hermanos, protegidos por esta Madre y por mí mismo.
– ¿Para todos?
– Para todos. Yo amo y protejo a todos mis hjios por igual.
– ¿A todos?
– Todos.
Un sentimiento muy fuerte salió desde mi estómago en forma de palabras.
– Creo que lo entendí, pero tengo una pregunta: supongamos que mis padres hicieron algo para que les pasara todo lo que les pasó, ya eran adultos y pasaron por lo que tenían que pasar. Ahora, yo era un niño que tenía un año y nueve meses y no hice nada para que me pasara todo lo que me pasó. ¿Por qué me pasó todo lo que me pasó?
– Para que tu esencia se manifestara y pudieras ser quien sos.
– ¿Pero qué pasa con los militares que mataron y torturaron a mis padres? ¿Qué pasa con los tipos que violaron a mi madre? ¿Por qué siguen libres? ¿Por que no hacés nada al respecto? ¿Existe la famosa justicia divina?
-Todo lo que ellos hacen, se lo hacen a si mismos.
-Si, pero por qué permitiste que le hicieran todas esas cosas a mis padres.
-Para que ellos pudieran ser quienes eran.
-Pará, que me estoy entreverando- respiré hondo y logré formular la pregunta que me tenía atorado -¿Entonces da lo mismo hacer cosas buenas, que cosas malas? ¿Entonces puedo andar asesinando niños por ahi y vos me vas a amar igual?
-Yo amo a todos mis hijos por igual.
Su respuesta me ímpacto y quede completamente desconcertado. Una profunda rabia y enojo forioso salio desde mis entrañas.
– Entonces me amás a mí, igual que a los militares que mataron, torturaron y violaron a mis padres?
-Sí.
-¡Sos un reverendo hijo de puta!
Hizo silencio y yo comencé a llorar desesperado.
– ¡Gran Espiritu, sos un hijo de puta! ¿Cómo los vas a amar igual? ¡Estamos perdidos! Da lo mismo hacer una cosa que la otra, vivimos en un universo inerte al que no le importan las emociones. Puedo andar asesinando niños, que cuando me muera me vas a amar incondicionalmente.
-Todo lo que hacés, te lo haces a ti mismo- dijo con firmeza y compasión.
-¿Y qué les va a pasar a los militares torturadores y a sus complices cuando se mueran?
-Primero es lo que les pasa cuando estan vivos, cuando estan encarnados. Todo lo que hacen se lo hacen a si mismos. Eso quiere decir que todo el dolor que causan se manifiesta en la realidad que viven en sus vidas. Ellos reciben lo que dan, se pueda ver desde afuera o no. Viven en la realidad que tienen en su corazón, en las emociones que tienen en su corazón. Cuando ellos entreguen su cuerpo volverán ante mí, y yo les dare el mayor abrazo infinito de amor incondicional. El mismo que les doy a todos mis hijos. La mayor bienvenida de vuelta a casa, un abrazo luminoso, repleto del mas puro amor incondicional. Ante tanta luz, lo primero que queda a la vista son las sombras, entonces esos seres tendrán que sostenerse frente al mayor amor incondicional del universo y ver sus propias sombras. Ver todo lo que le hicieron a sus hermanos, ver que no existe la separación y ver que todo se lo hicieron a si mismos. Ahí sentiran  de la mano de mi amor infinito, todo el dolor que causaron. Llegaran a ver sus heridas y el momento que dejaron de amar, de confiar. Entonces ellos mismos suplicarán cómo necesitan que sea su proxima vida para sanar esas heridas. Para reparar en su corazón la desconfianza. En ese momento la luz terminará de disolver las sombras del dolor y mi hijo volverá a mí. Entrará dentro de mí mismo y será nuevamente uno con todo el universo. Vivirá en el mas profundo amor y contemplará toda la creación formando parte de ella. Cuando sea su momento y haya recuperado su fortaleza, si él siente que lo necesita, pedirá encarnar otra vez, para reparar las heridas que se causó a sí mismo, cuando no confió en su propia esencia. Eso puede suceder todo en un solo segundo, o puede durar la eternidad.
– ¿Y cuando yo muera?
– Te pasará exactamente lo mismo. Por eso tus decisiones importan. Lo que te haces a ti, se lo estás haciendo a todo el universo. Lo que le haces al universo, te lo estás haciendo a ti mismo.”

Extracto del libro “El regreso de los hijos de la tierra – parte 2: La Union de la Familia”  de  Alejandro Corchs.

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~ por ezenagual en 11 octubre 2012.

Una respuesta to “Una conversación con El Gran Espíritu, por Alejandro Corchs.”

  1. Muchas gracias por compartir semejante canalización! Senti que también habia un mensaje para mi esperandome, aquí.

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